Nada nuevo de nuevo, la vida es un cigarro y el destino un cenicero.
Cosas que pasan, y pasan actos. Unos más y otros menos.
Taconeos, redobles, tambores, motores. Cuanto más vivo, más muero.
Pintadas, adoquines, bares, luces, árboles. Cuanto más veo, más me altero.
Tantos días al año. Unos más iguales, y otros tan distintos.
Tantos tachones entre las líneas y sus renglones. Dios nunca usó conmigo sus torcidos.
De suerte dispongo mi alma, y agradecido me siento.
Porque, a pesar de la monotonía, supe sacar provecho.
Porque siempre quedarán aquellos que te digan: "llegarás lejos".
Me mantengo al acecho de sus llamadas, para decirme que me echan de menos.
Espero que mi providencia nunca sea cambiada, por un azar inesperado.
Sentí miedo a lo largo de mi existencia. Pero vuestro cariño me lo quitó del medio.
Sepamos alzar la copa al viento, aclamar un brindis y decir "os quiero".
Sepamos disfrutar de lo bueno, de la vida que pasa y de los momentos.
No osemos tirar el amor que nos regalan al vacío eterno.
Luchemos por forjar la analogía de nuestros caminos encontrados.
Porque hoy es el día bisiesto. 29 de febrero, te lo debo.
Eres la rareza más bella que encontramos en este desierto.
El reloj de arena sigue corriendo, entre las dunas invisibles del terreno.
Recordaré a los Tuareg que supieron indicarme hacia el destino correcto.
Hoy es cuando vivimos más de lo que nos imaginamos. Hoy es cuando se cumplen nuestros sueños,
Cuando nuestra lucidez se ensancha, o cuando el orgullo no nos separa.
Gocemos por aprovechar las diferencias extrañas, aquellas que la diferencia marca.
Porque en los sitios más recónditos, es donde los mayores tesoros se encuentran.
Y puede, que vayamos en camellos distintos, uno hacia Medina y otro hacia la Meca.
Puede que uno sea más de Mahoma, y otro más de Séneca.
Pero puede que sea el color lo que nos une o la ideología lo que nos separa,
Que todo sea una coincidencia, y que nada más nos ampara.
Y con eso me quedo, con nunca salir de dudas. Con nunca saber si fue casualidad.
Todo se puede debatir, y todo se puede negar. Pero no se puede obviar,
que el 29 de febrero es la pureza más sincera, la orquídea que florece entre las ramas.
Gracias por leer esto y ser mi 29 de febrero. Por más años bisiestos.
Por vuestro cariño y lo que os quiero. Porque nunca olvidemos lo que fuimos y lo que seremos.
sábado, 29 de febrero de 2020
viernes, 12 de julio de 2019
Música
Las personas somos como música, transmitimos melodías, llevamos un tiempo, un estilo y tenemos en nuestro ser ciertos instrumentos.
La música fluye dentro de nosotros. Hay personas que deciden tocarla más fuerte, otras que con un volumen bajo les sobra. Existen quiénes hacen un acústico, y los que hacen de ellos una orquesta sinfónica.
Hay unos a los que les gusta tocar blues, otros flamenco y su quejido, otros más hip-hop con su bombo y caja -siempre en lenguaje de la calle- o incluso pueden preferir rock and roll -con la melena al viento y saltando sin cesar-. Unos llevan una armonía suave y melancólica, y otros usan un violín para alegrar la escena.
Unos usan timbales, otros triángulos, algunos prefieren adquirir platillos, y los hay más de trompetas para poder anunciar un nuevo suceso, haciéndose los interesantes. Hay quiénes tocan música nueva sólo por un beso.
Con el tiempo, vamos aprendiendo a cómo elaborar mejores obras y contenido, a transmitir mejor y, sobre todo, a saber entender el sonido de las canciones de las personas con las que nos topamos.
Incluso, muchas veces tenemos directores de orquesta, que nos guían, nos aconsejan, nos llevan, como si de un barco velero se tratara. Se izan las velas del pentagrama y avanzamos en clave de sol siguiendo una escala de do mayor.
No hay música buena, ni música mala, hay quien la entiende, y quien no la entiende. Hay una música brillante, con la intención de reventar un escenario, y también hay cantos en la ducha, de esos que hacemos en la intimidad, cuando no hay nadie en casa.
Porque, en el mundo de la música también existen los tímidos y los extrovertidos, los que comunican y los que no, los que quieren escuchar y los que quieren ser escuchados.
Pero, ay, qué sería de nosotros si no compartiéramos la música, nuestros cantos, los golpes, los crecendo, los piano, los forte, los trinos, los intervalos. Qué sería de nosotros si toda nuestra fuerza no la lleváramos fuera, dispuesta a atravesar la barrera del sonido.
Quizás, y sólo quizás, puede que Mozart nunca hubiera llegado a ser Mozart, y, digo, que el réquiem que tiene mi corazón por ti ahora, nunca habría sido escrito.
jueves, 20 de septiembre de 2018
Como Apolo y Dafne
De la entrada del cielo a las puertas del infierno,
Del aullido del lobo a las catacumbas del averno,
De los restos del Nautilos al centro del universo,
Del inmenso beso a descansar entre tus labios.
Seco y árido como el desierto de Mahoma.
Húmedo y salado como el Atlántico.
Gaseoso como los géiseres de Islandia,
Líquido como la sangre que germina de tus manos.
Fue una aventura como la de Verne,
viviendo en julio, muriendo en diciembre.
Fue una locura como Apolo y Dafne,
mas mi amor no es menos loco ni por donde muere ni por donde nace.
Una cruz tengo que poner a este corazón,
por amar tanto con la locura de mi pasión.
Dicen que es mejor querer con el alma que con el cuerpo,
ya que la rosa que devora mi alma nunca se marchitará ante su dueño.
Volvieron siempre las perdices, diciendo que nos las comamos, para ser felices.
Pero sólo nos necesitamos al otro, para darnos cuenta de que los cuentos existen.
Puede que tú seas Cleopatra, y yo Julio César.
Puede que seamos como Romeo y Julieta.
Puede que nos guste el riesgo e ignoremos la incertidumbre.
Puede que odiemos los "hasta nunca", pero nunca los "para siempre".
Del tridente de Neptuno a la mano que empuña la espada de Marte.
Del primer jeroglífico al último comando computado.
De la noria de Londres a la Gran Muralla. Del Taj Mahal al Stonehenge.
Del uso de las manos hasta el descubrimiento del fuego.
Pasó tanto tiempo, y pasaron tantos hechos,
que me es difícil recordar cuánto sufrimiento.
Cuántas vidas se perdieron por el camino,
Cuántos llantos silenciados, y gritos sordos, callados.
Aunque me atrevería a decir, con el pecho firme, la mirada elevada, y la barbilla bien erguida,
Que no es más hombre el que más lucha, sino el que más ama.
Por ello te brindo las líneas de mis versos, mis mejores momentos, mis nacimientos.
Para decirte que te amo, sin remordimientos, como Da Vinci amando al conocimiento.
Del aullido del lobo a las catacumbas del averno,
De los restos del Nautilos al centro del universo,
Del inmenso beso a descansar entre tus labios.
Seco y árido como el desierto de Mahoma.
Húmedo y salado como el Atlántico.
Gaseoso como los géiseres de Islandia,
Líquido como la sangre que germina de tus manos.
Fue una aventura como la de Verne,
viviendo en julio, muriendo en diciembre.
Fue una locura como Apolo y Dafne,
mas mi amor no es menos loco ni por donde muere ni por donde nace.
Una cruz tengo que poner a este corazón,
por amar tanto con la locura de mi pasión.
Dicen que es mejor querer con el alma que con el cuerpo,
ya que la rosa que devora mi alma nunca se marchitará ante su dueño.
Volvieron siempre las perdices, diciendo que nos las comamos, para ser felices.
Pero sólo nos necesitamos al otro, para darnos cuenta de que los cuentos existen.
Puede que tú seas Cleopatra, y yo Julio César.
Puede que seamos como Romeo y Julieta.
Puede que nos guste el riesgo e ignoremos la incertidumbre.
Puede que odiemos los "hasta nunca", pero nunca los "para siempre".
Del tridente de Neptuno a la mano que empuña la espada de Marte.
Del primer jeroglífico al último comando computado.
De la noria de Londres a la Gran Muralla. Del Taj Mahal al Stonehenge.
Del uso de las manos hasta el descubrimiento del fuego.
Pasó tanto tiempo, y pasaron tantos hechos,
que me es difícil recordar cuánto sufrimiento.
Cuántas vidas se perdieron por el camino,
Cuántos llantos silenciados, y gritos sordos, callados.
Aunque me atrevería a decir, con el pecho firme, la mirada elevada, y la barbilla bien erguida,
Que no es más hombre el que más lucha, sino el que más ama.
Por ello te brindo las líneas de mis versos, mis mejores momentos, mis nacimientos.
Para decirte que te amo, sin remordimientos, como Da Vinci amando al conocimiento.
viernes, 15 de diciembre de 2017
Un sabor amargo de algo extraordinario
Deberían morir aquellos que hacen
del amor un calendario,
de la química una costumbre,
de la física una incertidumbre. Hacer,
un sabor amargo de algo extraordinario.
El mundo sigue dando vueltas
y no para de haber extinciones.
Dejaron de existir tantas cosas:
el fruto de la existencia,
el arte y la poesía.
la duda y su ambrosía,
la claridad y la cultura.
Se murieron tantas cosas,
que sólo nos quedó la vida.
Mira a tu alrededor y dime qué queda:
si el sentimiento o la pasión,
si el fanatismo o la represión,
si el consumismo o la explotación.
Nos creíamos dueños del universo,
y ni siquiera éramos libres.
Hicimos del manjar un festín,
emborrachándonos entre mentiras dulces,
y ahora nadie sabe ser feliz,
porque el hueco en los corazones es inmenso.
No preguntes por la cosecha,
que nos dio aquel árbol.
De la rama recogimos piedras y palos.
Chascos en forma de provechos,
que no nos servirían para nada.
Solamente, para darnos cuenta,
de que habíamos convertido,
la más bonita flor en un fósil petrificado.
del amor un calendario,
de la química una costumbre,
de la física una incertidumbre. Hacer,
un sabor amargo de algo extraordinario.
El mundo sigue dando vueltas
y no para de haber extinciones.
Dejaron de existir tantas cosas:
el fruto de la existencia,
el arte y la poesía.
la duda y su ambrosía,
la claridad y la cultura.
Se murieron tantas cosas,
que sólo nos quedó la vida.
Mira a tu alrededor y dime qué queda:
si el sentimiento o la pasión,
si el fanatismo o la represión,
si el consumismo o la explotación.
Nos creíamos dueños del universo,
y ni siquiera éramos libres.
Hicimos del manjar un festín,
emborrachándonos entre mentiras dulces,
y ahora nadie sabe ser feliz,
porque el hueco en los corazones es inmenso.
No preguntes por la cosecha,
que nos dio aquel árbol.
De la rama recogimos piedras y palos.
Chascos en forma de provechos,
que no nos servirían para nada.
Solamente, para darnos cuenta,
de que habíamos convertido,
la más bonita flor en un fósil petrificado.
martes, 12 de diciembre de 2017
Un mismo sitio
Estoy flotando en una nube de polvo,
gritando sin boca al pie de la Luna.
gritando sin boca al pie de la Luna.
Mi pensamiento me indica que ya es hora.
Toca rezar sin un Dios al que mirar.
Toca rezar sin un Dios al que mirar.
Soy un hombre ateo en un mundo sin fe,
ahora nadie sabe a quién creer.
ahora nadie sabe a quién creer.
Tenemos vendas para las pupilas del corazón,
y nadie sabe cómo quitar las heridas que deja la sinrazón.
y nadie sabe cómo quitar las heridas que deja la sinrazón.
Desconfiamos el uno del otro,
creamos un muro de acero en un mundo de hielo.
creamos un muro de acero en un mundo de hielo.
Mi musa me ruega: Te pido que confíes en mí, déjate llevar.
Pero lo siento, de unos ojos que matan no me puedo fiar.
El dolor no es más que temporal,
como la vida misma.
como la vida misma.
La vida es dolor y la muerte paz.
No lo digo yo, lo dice la relatividad.
No lo digo yo, lo dice la relatividad.
Todo es relativo y nada absoluto.
No seamos felices pues, no la podremos alcanzar.
No seamos felices pues, no la podremos alcanzar.
Hablamos de la felicidad,
como si esto fuera ser original.
como si esto fuera ser original.
Somos parte de un mismo sitio:
unos lo llaman utopía, y otros libertad.
unos lo llaman utopía, y otros libertad.
domingo, 22 de octubre de 2017
Héroe y villano
Cuántos por qués nos preguntamos cada día y se quedan sin resolver,
Cuántas vidas se quedan vacías cada segundo sin saber qué hacer.
Y no es más que un augurio lo que tengo por el cuerpo,
tengo la sensación de que nunca olvidaré lo que quise detener.
domingo, 23 de julio de 2017
No son escuchados
Una vida perdida, una bala menos, encasillada, con su propia balística.
Una vida menos, una mirada que no volverá a brillar, una voz que no volverá a resonar.
Una vida que pasa a muerte, en un segundo, pero lentamente, lamentándose por no haber tenido demasiada suerte.
Una vida que se aleja, que no regresa, que ya no piensa, más que en otra cosa que no sea en dejar de respirar. En dejar de estar y ya está, en abandonar. En no luchar.
Ese suspiro que no vuelve. Esa piel que ya no reluce como antes. Ese latido sórdido. Esa sonrisa que se quedará seria e indiferente. Aquel llanto que ahora es silencio. Aquellas sombras que ahora no se mueven.
Una vida menos, una mirada que no volverá a brillar, una voz que no volverá a resonar.
Una vida que pasa a muerte, en un segundo, pero lentamente, lamentándose por no haber tenido demasiada suerte.
Una vida que se aleja, que no regresa, que ya no piensa, más que en otra cosa que no sea en dejar de respirar. En dejar de estar y ya está, en abandonar. En no luchar.
Ese suspiro que no vuelve. Esa piel que ya no reluce como antes. Ese latido sórdido. Esa sonrisa que se quedará seria e indiferente. Aquel llanto que ahora es silencio. Aquellas sombras que ahora no se mueven.
jueves, 1 de junio de 2017
Vacío
Como una copa cuando no hay bebida, un cristal transparente donde para nada hay cabida.
Como una casa cuando está sola, con la lluvia en los ventanales, sin cuadros ni paredes, sin parientes ni vecinos.
Me siento vacío, lleno de dudas existenciales por dentro.
Como una casa cuando está sola, con la lluvia en los ventanales, sin cuadros ni paredes, sin parientes ni vecinos.
Me siento vacío, lleno de dudas existenciales por dentro.
lunes, 27 de marzo de 2017
Historia de una triste canción
Uno vive, pero uno vive a su manera. Algunas personas son más de hablar, otras de hacer. Pero yo soy más de escuchar.
Lo que oigo cada día es música.
Y, sobre todo, lo que veo, son canciones.
Sí, lo que veo con mis propios ojos son sonidos. Sonidos que un día fueron únicos y que poco a poco se convirtieron en rutina.
¿Nunca habéis tenido la sensación de que cada persona que habéis conocido os recuerda a ese sonido tan peculiar de vuestro cantante favorito?
Las personas son canciones, unas más alegres, y otras más melancólicas.
Lo que oigo cada día es música.
Y, sobre todo, lo que veo, son canciones.
Sí, lo que veo con mis propios ojos son sonidos. Sonidos que un día fueron únicos y que poco a poco se convirtieron en rutina.
¿Nunca habéis tenido la sensación de que cada persona que habéis conocido os recuerda a ese sonido tan peculiar de vuestro cantante favorito?
Las personas son canciones, unas más alegres, y otras más melancólicas.
domingo, 12 de marzo de 2017
Un sistema de pensiones, ¿sostenible?
El
sistema de pensiones, al menos en España, es la mayor partida del
gasto público de nuestro Estado, pero
sigue sin alejarse del
todo de la media
europea (un 11%
sobre el PIB) . Aún así, ha sido bastante polémica la noticia del
derroche de nuestro gobierno de la llamada “Hucha de las
pensiones”, es decir, el fondo que garantizaba en situaciones de
recesión el pago de las remuneraciones a los jubilados. De
esta forma, el agotamiento de dicho fondo llevaría a nuestro sector
público a endeudarse como la única vía alternativa a resolver
dicho problema (en el caso de no efectuar ninguna política).
domingo, 26 de febrero de 2017
La inmortalidad
Hay personas que vencen a la vida a pesar de haber muerto. Son aquellos individuos que luchan, que no se rinden, que sueñan, que se sacrifican por cumplir un sueño. Un sueño, siempre relacionado con cambiar el mundo, mejorarlo. De hecho, ¿quién no quiere obtener una sociedad mejor? La respuesta es clara: nadie.
Pero, ¿quién lo intenta hasta el último aliento? ¿Quiénes de verdad se dejan la piel, los órganos y, con el sudor en la frente proveniente de su esfuerzo, apenas pueden ver siquiera? ¿Existe alguien cuyo aliento se desvanezca, simplemente, por cumplir su sueño?
Pero, ¿quién lo intenta hasta el último aliento? ¿Quiénes de verdad se dejan la piel, los órganos y, con el sudor en la frente proveniente de su esfuerzo, apenas pueden ver siquiera? ¿Existe alguien cuyo aliento se desvanezca, simplemente, por cumplir su sueño?
martes, 31 de enero de 2017
El suspenso de la vida
El habitáculo estaba más podrido que la situación actual. No hay manera de expresar tanta mugre dentro de un margen, Ni forma de saber decir lo que quiero contar. Ni siquiera encuentro la forma de borrar esas imágenes que se me vienen a la cabeza cuando me encontraba allí dentro.
Sí, un día también tuve que pasar por ello, pero a mí me dejaron con vida.
Dejaron que me desintegrara dentro de aquellos barrotes mientras oía los berridos, las quejas, los graznidos y los gritos de cada persona que entraba en aquella cámara.
Sí, un día también tuve que pasar por ello, pero a mí me dejaron con vida.
Dejaron que me desintegrara dentro de aquellos barrotes mientras oía los berridos, las quejas, los graznidos y los gritos de cada persona que entraba en aquella cámara.
lunes, 12 de diciembre de 2016
Qué le pasa al mundo
Te despiertas como cualquier día por
la mañana de la cama y notas algo distinto en el ambiente. Un olor
claramente distinto al somnoliento y que va creciendo a cada
instante. Las sábanas y mantas te atan cual circunstancia y esencia,
sin dejarte vivir la vida de los vivos que no quieren quedarse
dormidos. Una vez ganada la batalla, diríamos que nuestra persona
ejemplar cogería el periódico diario como tradicionalmente se hacía
y, de hecho, me gustaría que fuese así, pero ahora nuestro camarada
alcanzaría su teléfono móvil y le echaría un ojo a las noticias
vía Internet.
domingo, 13 de noviembre de 2016
Desierto mojado
Noches frías, y cielos grises.
Vidas alegres, y no tristes. Más bien debería de ser así, así de simple.
Pero no se encuentra otra cosa que no sean pasos encharcados y los bordes de los pantalones mojados por charcos. El susurro del viento hace la calle más silenciosa, aunque sin él, el ruido no resurgiría.
Solo llueve, y no hay nadie.
El sonido de la lluvia amansa hasta a las fieras, ya que la ciudad se convierte en desierto por tan solo un cambio de tiempo, a pesar de que el tiempo siempre se esté moviendo.
Vidas alegres, y no tristes. Más bien debería de ser así, así de simple.
Pero no se encuentra otra cosa que no sean pasos encharcados y los bordes de los pantalones mojados por charcos. El susurro del viento hace la calle más silenciosa, aunque sin él, el ruido no resurgiría.
Solo llueve, y no hay nadie.
El sonido de la lluvia amansa hasta a las fieras, ya que la ciudad se convierte en desierto por tan solo un cambio de tiempo, a pesar de que el tiempo siempre se esté moviendo.
lunes, 7 de noviembre de 2016
Noche desértica
No es que sea un árbol, pero quise echar raíces.
No es que sea una planta, pero plantado me dejaron.
Es que soy un humano, que libertinaje no quiere.
Es que soy tan animal, que no supe ni razonar cómo.
Ya ni soy yo, pero tengo matices.
Me quise descomponer, y ahora soy muy simple.
No es que no quisiera saltar, es que me quedé atrás.
No es que no quisiera llegar, es que me faltaba aire para respirar.
No es que no supiera correr, es que ya ni podía andar.
Sentado me quedé observando,
cómo la vida recorre su presente sin mirar a su pasado.
No es que sea una planta, pero plantado me dejaron.
Es que soy un humano, que libertinaje no quiere.
Es que soy tan animal, que no supe ni razonar cómo.
Ya ni soy yo, pero tengo matices.
Me quise descomponer, y ahora soy muy simple.
No es que no quisiera saltar, es que me quedé atrás.
No es que no quisiera llegar, es que me faltaba aire para respirar.
No es que no supiera correr, es que ya ni podía andar.
Sentado me quedé observando,
cómo la vida recorre su presente sin mirar a su pasado.
martes, 13 de septiembre de 2016
No sabéis nada
Sé que no voy a salir ilesa en mi intento de arreglar el mundo, sé que hay batallas que se luchan de piel hacia dentro. De alma hacia afuera, de hombros hacia arriba y cabeza hacia el suelo.
Sé que todo se está desmoronando, vivimos en un país que puedo calificar "de mierda" por las personas que lo habitamos, lo cómodas que estamos en nuestros sofás reivindicando cosas (cosas, cosas, y cosas, solo cosas. Nadie nunca habló de hechos ni actos dotados de cierta intelectualidad).
Sé que todo se está desmoronando, vivimos en un país que puedo calificar "de mierda" por las personas que lo habitamos, lo cómodas que estamos en nuestros sofás reivindicando cosas (cosas, cosas, y cosas, solo cosas. Nadie nunca habló de hechos ni actos dotados de cierta intelectualidad).
Un país donde no tenemos Gobierno desde hace casi un año y los políticos que pretenden formarlo siguen cobrando igual, todos y cada uno de ellos
Y, lo que hace preguntarme, que por qué nada ha empeorado si no hay nadie que lidere. A lo mejor es porque ya estábamos acostumbrados a ese vacío que nos supera y que nunca nos llena. A esos intentos de revolución que van a fracasar desde el primer momento porque la ilusión y las ganas forman parte del mismo cuento.
Acostumbrados a mirar y callar. A no saber leer. A predicar a la pared. A dar al que tiene. Al ser bueno con el malo. Al ser malo con el bueno. A mendigar material en vez de ideas.
Acostumbrados a mirar y callar. A no saber leer. A predicar a la pared. A dar al que tiene. Al ser bueno con el malo. Al ser malo con el bueno. A mendigar material en vez de ideas.
Parece que la grandeza de este país se mide según cuántas cosas incoherentes realices a lo largo de tu existencia. Parece que nada perece y se desvanece. Que todo permanece.
Vivo en un país donde la gente no sabe escuchar y sigue anclada en conflictos que pasaron hace años, no somos capaces de ver el cambio y aprender de los errores cometidos, en España no existe la paz porque seguimos enfrentados por ideales, sin argumento ni lógica y con miedo, que no hacen más que alimentar el odio, en vez de aprender a escuchar y sacar lo bueno de cada uno.
Y no es el miedo que sale en las películas de terror o en las novelas de misterio. Es el miedo a algo peor que esto.
Y no es el miedo que sale en las películas de terror o en las novelas de misterio. Es el miedo a algo peor que esto.
¿Puede haber algo peor para un ser racional que tener una sociedad inculta?
Vivo en un país donde se predica una cosa y se hace lo contrario, donde predicar algo es etiquetar o imitar a alguien, donde lo llevamos todo al extremo y cualquier matiz de cualquier cosa significa dañar a alguien.
Dañar a través de una red social, no vaya a ser que te vea la cara y sea alguien al menos con una cierta dignidad. ¿Qué nos queda? Ya ni la esperanza.
Vivo en un país donde eso de "educación pública y accesible a todos" no es más que un logo, un rótulo, donde tenemos que pagar verdaderos pastizales para poder estudiar, donde tienes que tener una maldita nota, un puto número, para tener acceso a tantas cosas.
Pura propaganda estatalizada donde nuestro grupo de ministros tan burócrata y subvencionado por lobbys hace todo lo posible por controlar, manipular y empujarnos hacia el lado de la mentira. Una verdad subjetivizada. Una verdad universal llamada "broma".
Pura propaganda estatalizada donde nuestro grupo de ministros tan burócrata y subvencionado por lobbys hace todo lo posible por controlar, manipular y empujarnos hacia el lado de la mentira. Una verdad subjetivizada. Una verdad universal llamada "broma".
Vivo en un país donde las camillas con enfermos se encuentran en los pasillos de los hospitales por falta de trabajadores y recursos en los mismos, donde tienes que esperar horas en urgencias, donde puedes morir esperando un tratamiento.
Un mundo en el que un continente con un determinado PIB per capita encuentra una vacuna al poco tiempo de que se exponga a una enfermedad, pero que nunca se dio cuenta de que llevaba cuarenta años existiendo al otro lado de la linea imaginaria que se dibuja en un mapa, y la no tan imaginaria valla con alambres y espinas.
Vivo en un país, donde importa más regalarle a un niño de once años un móvil que un libro, donde inflamos a nuestros hijos y alumnos a deberes, apuntamos a miles de actividades extraescolares y pensamos así que le estamos dando una buena educación.
Aunque ya nada importa. A todo le habéis quitado valor, sois los subastadores de nuestros derechos y accesibilidades, los vendedores de dignidades y los recolectores de dinero que quitáis a la fuerza y que luego usáis el eufemismo de "impuestos".
Ojalá fueseis una mafia, porque así habría alguien que os pudiera perseguir.
Pero, ¿quién podrá capturar al capturador?
No sabéis una cosa: no sabéis nada.
Realizado por: Sara Crispigni y Pablo De Lomas.
Podéis mirar cosas escritas por la autora aquí: http://mrssca.blogspot.com.es/
miércoles, 29 de junio de 2016
Necesitamos líderes
Entramos en un contexto donde toda acción, todo aliento tomado, toda palabra dicha, todo pensamiento en mente, puede tener una cierta relevancia.
Nos adentramos en unos tiempos donde el ahora quedó para luego y el hoy para el mañana.
Estamos sumidos y dormidos en un mundo que carece de sentido, y que se dirige hacia un abismo.
Nos adentramos en unos tiempos donde el ahora quedó para luego y el hoy para el mañana.
Estamos sumidos y dormidos en un mundo que carece de sentido, y que se dirige hacia un abismo.
lunes, 9 de mayo de 2016
Novus Hommo
Se levantó.
Se levantó y vio el mundo que giraba a su alrededor.
El viento soplaba afuera como un niño al querer apagar las velas de la tarta, por tal de que su deseo tenga aún más fuerza. La luz de su cuarto tintineaba como resultado de las malas conexiones eléctricas de la zona de su habitáculo, además de estas mantas tan peludas, de las que se desprendía una vez dormido del calor que le ocasionaban.
El Sol, realmente, no sabía si brillaba, pero conocía que ahí estaba, puesto que las estrellas nunca mueren, porque dejan un letargo, una historia que los mueve.
Se alzó sobre sí mismo, puso el pie derecho (y no el izquierdo) por delante, y se sostuvo como pudo, a la vez que daba el primer bostezo de la mañana, y se estiraba sin saber con qué intención. Quizás era para calentar, y poder aguantar con más resistencia el día que acababa de empezar.
Solamente cuando salía de su habitación, se daba cuenta de que vivía completamente solo. Algunas veces pensaba en lo bonito que sería tener una familia, o, incluso, un animal de compañía. La soledad es como la felicidad, no eres consciente de ella hasta que no te paras a pensarla.
Salió, como de costumbre, de camino a la calle.
Si, han oído bien: a la calle, a ninguna parte en concreto, a ver qué le esperaba hoy en su tan esplendorosa vida. Y es que nuestro amigo no trabajaba, no llegaba a formar parte de aquella llamada "población activa", que se desactiva cuando comienzan a laborar. Él, vivía de la caridad de las personas que se atrevían a dar una recompensa a un desconocido, a valorar una profesión que no tenía futuro ni legalidad.
Puede que no poseyera ningún empleo, pero esta persona era muy importante para su entorno. No siempre hace falta trabajar para una de esas gigantes multinacionales para sentirte realizado. No todos tenemos los mismos gustos.
Esta vez, se dirigía hacia el centro de la ciudad. Tenía una idea en la cabeza, de esas que suenan a locura, a utopía, que recuerdan a cosas imposibles, pero que la quería probar. Quería dar un mordisco a esa tentación en la que llevaba meditando varias semanas. Estaba seguro de que ya era el momento de dar el paso.
Nuestro amigo quería hacer lo que le gusta, cumplir sus objetivos, y no ser uno más que aceptó dinero por rechazar sus sueños.
Se puso manos a la obra. Observar. Observar más. Mirar. Estar atento hasta del más mínimo detalle. Desarrollar tal sentido que ninguna bestia con una mutación pueda ser capaz de superarlo. Tener la mente y la mirada más pendiente que nadie se le atreva a decir que no vio la típica escena graciosa de la semana de la que siempre se habla entre personas de la misma clase social.
Él pensaba. Su creatividad y su imaginación eran como dos poleas o dos tuercas que se disponían a circular sobre sí mismas y a funcionar como si formaran parte de una maquinaria que preparaba las materias primas, para luego mandarlas al proceso de fabricación.
Como un salvaje, escogió a su primera víctima: un hombre bastante mayor, sentado en el banco más viejo de la plaza, y que estaba dando de comer a unos bichos aéreos que otros prefieren conocerlos como "palomas". Vestía una camisa un tanto arrugada, y unos pantalones que se encontraban manchados por las migas de pan, aunque él disfrutaba como un auténtico chaval alimentando a unos seres que no tenía el placer de, ni siquiera, haber oído sus nombres.
Unos, dirán que no puedes pasarlo bien con aquellos con los que aún no has empezado a hablar. Yo diría que aquel hombre jubilado parecía estar enamorado de esos bichos aéreos.
Nuestro querido camarada, siempre adoraba escoger personas dañadas por la sociedad. Porque, ¿qué ser humano no ha sufrido el desamparo y el abandono de otro?
Ya tuvo aquella experiencia del niño pequeño que no paraba de llorar, del adolescente que no cesaba de quejarse, o de aquel padre de familia, obsesionado con el peculio.
Todos siempre querían algo a cambio. Vivían por y para ellos. Formaban parte de aquella gran especie desarrollada que era incapaz de mirar por el prójimo.
Tuvo ganas de matarlos a todos, de cometer en la plaza del ayuntamiento una matanza masiva que sería recordada durante siglos, como ese holocausto que sufrieron los cristianos a manos de los yahis, por medio de cámaras de gas y de campos de concentración, en los que era normal ver muertos por cada metro cuadrado que pisabas.
Pero, al mismo tiempo, nuestro compañero, de igual modo que los odiaba hasta llegar al punto de dejarlos sin ninguna gota de sangre, los amaba más que al Padre de los Dioses y a sus obras de arte, creadas y creándolas desde antes del año cero de nuestra era.
Y, como los amaba, no podía rechazar coger esos bloques de mármol, tan vírgenes y puros, y hacer de ellos grandes figuras que quedan grabadas en la memoria del asombro del novus hommo.
Parece que fue ayer cuando decidimos avanzar como especie.
Este hombre tan atrevido, se acercó a su objetivo, mientras iba recordando la planificación y los pasos que debía de seguir para que todo saliera a la perfección y jamás lo relacionaran con el caso.
-Bonito día, ¿no?-. Dijo nuestro compañero, al son que sonrió y decidió saludar al alimentador de los bichos aéreos. Como muestra de cortesía, el jubilado decidió llevarse la mano a la frente, para luego despojarse del sombrero tan abultado que poseía y que ocultaba parte de su rostro.
-Pues, si, aunque los he visto mejores-, respondió el hombre mayor, con un tono un tanto arrogante.
El camarada se quedó mirando al suelo, mientras se le vino a la cabeza una pregunta clave:
-Exactamente, ¿qué cree que hace que usted y yo tengamos la palabra "mejor" como un concepto que se asemeja al mayor rendimiento de la temperatura y del calor que desprende nuestra estrella?-.
-No lo sé, supongo porque a los novus hommo nos gusta que haya calor como para hacer la cena en medio del asfalto, o porque, quizás, ya nos hemos acostumbrado a ella, después de lo que pasó...-
El querido amigo nuestro no tenía más ganas de andarse con rodeos, y prefirió ir directamente al grano, para cometer el dichoso crimen.
-Mire, yo no sé qué le pasó a nuestro planeta, no sé mucho más de lo que me intento informar cada día y cada noche. Se que no me queda otra que hacerlo, porque puede que lo que hoy sea cárcel, mañana sea pena de muerte-.
Aquel jubilado, se quedó frío, y comenzó a temblar. Pensó que su juicio final se acercaba, y no paraba de sudar, sin poder llegar a pensar absolutamente en nada, a parte de en la acción de correr como instinto último de supervivencia.
-Estoy totalmente en contra de este partido, y de este gobierno. Nos tienen amordazados, sin ninguna libertad, atados, enfrentados, individualizados, enemistados, separados...
¿Cree usted que un "novus hommo" puede vivir sin poder decir lo que piensa? ¿Sin poder argumentar lo que le pasa en movimiento por su cabeza y por su mentalidad? ¿Sin poder expresarse? ¿Sin manifestarse? ¿Dejando a nuestra merced ser uno más de entre la muchedumbre andante que prefiere mirar esas pantallas sin pararse a pensar por qué pueden transmitir esas imágenes?
¿Se da cuenta de lo que están haciendo con nosotros? ¿Quién sigue teniendo un sueño que lo lleva a levantarse cada mañana y a acostarse cada medianoche? Creo que rechazamos ya tantos sueños, que, al final, caímos en coma-.
Fue volver a mirar a aquel hombre mayor, después de dejar de tener la vista perdida por la concentración que requerían aquellas palabras, y ver cómo ya habían llegado unos agentes de la felicidad, y se disponían a meterlo en aquel furgón, tan inmenso para un solo individuo, pero tan diminuto para el acto que había cometido.
Ojalá lo que hizo nuestro hombre estuviera permitido, pero ya dije antes que no era un trabajo su profesión. Más bien, tenía una pena que hasta se desconocía, de lo prohibida que estaba. Había desafiado la felicidad de la gente, y lo tenía que pagar muy caro.
Llevaba tanto tiempo en esto, que no podía imaginar que hubieran tardado tanto en capturarle. Quizás, fueron esos gritos silenciosos de pensamientos, pillados por los radares detectores de inteligencia, por lo que se dieron cuenta de su inercia.
Aún no sé qué le pasó a nuestro compañero, aunque intuyo que no nada bueno. Tampoco quiero contaros mucho, no vaya a ser que yo también corra el riesgo de una persecución de los agentes de la felicidad.
"Agentes de la felicidad", qué curioso, ¿no? Velan por la satisfacción de nuestra especie, cuando, al levantar un poco los ojos sobre las caras de la gente, nadie parece satisfecho.
Esto fue la crónica de una persona, que tenía nombre. Tenía, pero la borraron del mapa, del pasado y de la historia. Nunca existió, ni siquiera para él mismo, como el bienestar en los estados en los que no te puedes expresar.
Se levantó y vio el mundo que giraba a su alrededor.
El viento soplaba afuera como un niño al querer apagar las velas de la tarta, por tal de que su deseo tenga aún más fuerza. La luz de su cuarto tintineaba como resultado de las malas conexiones eléctricas de la zona de su habitáculo, además de estas mantas tan peludas, de las que se desprendía una vez dormido del calor que le ocasionaban.
El Sol, realmente, no sabía si brillaba, pero conocía que ahí estaba, puesto que las estrellas nunca mueren, porque dejan un letargo, una historia que los mueve.
Se alzó sobre sí mismo, puso el pie derecho (y no el izquierdo) por delante, y se sostuvo como pudo, a la vez que daba el primer bostezo de la mañana, y se estiraba sin saber con qué intención. Quizás era para calentar, y poder aguantar con más resistencia el día que acababa de empezar.
Solamente cuando salía de su habitación, se daba cuenta de que vivía completamente solo. Algunas veces pensaba en lo bonito que sería tener una familia, o, incluso, un animal de compañía. La soledad es como la felicidad, no eres consciente de ella hasta que no te paras a pensarla.
Salió, como de costumbre, de camino a la calle.
Si, han oído bien: a la calle, a ninguna parte en concreto, a ver qué le esperaba hoy en su tan esplendorosa vida. Y es que nuestro amigo no trabajaba, no llegaba a formar parte de aquella llamada "población activa", que se desactiva cuando comienzan a laborar. Él, vivía de la caridad de las personas que se atrevían a dar una recompensa a un desconocido, a valorar una profesión que no tenía futuro ni legalidad.
Puede que no poseyera ningún empleo, pero esta persona era muy importante para su entorno. No siempre hace falta trabajar para una de esas gigantes multinacionales para sentirte realizado. No todos tenemos los mismos gustos.
Esta vez, se dirigía hacia el centro de la ciudad. Tenía una idea en la cabeza, de esas que suenan a locura, a utopía, que recuerdan a cosas imposibles, pero que la quería probar. Quería dar un mordisco a esa tentación en la que llevaba meditando varias semanas. Estaba seguro de que ya era el momento de dar el paso.
Nuestro amigo quería hacer lo que le gusta, cumplir sus objetivos, y no ser uno más que aceptó dinero por rechazar sus sueños.
Se puso manos a la obra. Observar. Observar más. Mirar. Estar atento hasta del más mínimo detalle. Desarrollar tal sentido que ninguna bestia con una mutación pueda ser capaz de superarlo. Tener la mente y la mirada más pendiente que nadie se le atreva a decir que no vio la típica escena graciosa de la semana de la que siempre se habla entre personas de la misma clase social.
Él pensaba. Su creatividad y su imaginación eran como dos poleas o dos tuercas que se disponían a circular sobre sí mismas y a funcionar como si formaran parte de una maquinaria que preparaba las materias primas, para luego mandarlas al proceso de fabricación.
Como un salvaje, escogió a su primera víctima: un hombre bastante mayor, sentado en el banco más viejo de la plaza, y que estaba dando de comer a unos bichos aéreos que otros prefieren conocerlos como "palomas". Vestía una camisa un tanto arrugada, y unos pantalones que se encontraban manchados por las migas de pan, aunque él disfrutaba como un auténtico chaval alimentando a unos seres que no tenía el placer de, ni siquiera, haber oído sus nombres.
Unos, dirán que no puedes pasarlo bien con aquellos con los que aún no has empezado a hablar. Yo diría que aquel hombre jubilado parecía estar enamorado de esos bichos aéreos.
Nuestro querido camarada, siempre adoraba escoger personas dañadas por la sociedad. Porque, ¿qué ser humano no ha sufrido el desamparo y el abandono de otro?
Ya tuvo aquella experiencia del niño pequeño que no paraba de llorar, del adolescente que no cesaba de quejarse, o de aquel padre de familia, obsesionado con el peculio.
Todos siempre querían algo a cambio. Vivían por y para ellos. Formaban parte de aquella gran especie desarrollada que era incapaz de mirar por el prójimo.
Tuvo ganas de matarlos a todos, de cometer en la plaza del ayuntamiento una matanza masiva que sería recordada durante siglos, como ese holocausto que sufrieron los cristianos a manos de los yahis, por medio de cámaras de gas y de campos de concentración, en los que era normal ver muertos por cada metro cuadrado que pisabas.
Pero, al mismo tiempo, nuestro compañero, de igual modo que los odiaba hasta llegar al punto de dejarlos sin ninguna gota de sangre, los amaba más que al Padre de los Dioses y a sus obras de arte, creadas y creándolas desde antes del año cero de nuestra era.
Y, como los amaba, no podía rechazar coger esos bloques de mármol, tan vírgenes y puros, y hacer de ellos grandes figuras que quedan grabadas en la memoria del asombro del novus hommo.
Parece que fue ayer cuando decidimos avanzar como especie.
Este hombre tan atrevido, se acercó a su objetivo, mientras iba recordando la planificación y los pasos que debía de seguir para que todo saliera a la perfección y jamás lo relacionaran con el caso.
-Bonito día, ¿no?-. Dijo nuestro compañero, al son que sonrió y decidió saludar al alimentador de los bichos aéreos. Como muestra de cortesía, el jubilado decidió llevarse la mano a la frente, para luego despojarse del sombrero tan abultado que poseía y que ocultaba parte de su rostro.
-Pues, si, aunque los he visto mejores-, respondió el hombre mayor, con un tono un tanto arrogante.
El camarada se quedó mirando al suelo, mientras se le vino a la cabeza una pregunta clave:
-Exactamente, ¿qué cree que hace que usted y yo tengamos la palabra "mejor" como un concepto que se asemeja al mayor rendimiento de la temperatura y del calor que desprende nuestra estrella?-.
-No lo sé, supongo porque a los novus hommo nos gusta que haya calor como para hacer la cena en medio del asfalto, o porque, quizás, ya nos hemos acostumbrado a ella, después de lo que pasó...-
El querido amigo nuestro no tenía más ganas de andarse con rodeos, y prefirió ir directamente al grano, para cometer el dichoso crimen.
-Mire, yo no sé qué le pasó a nuestro planeta, no sé mucho más de lo que me intento informar cada día y cada noche. Se que no me queda otra que hacerlo, porque puede que lo que hoy sea cárcel, mañana sea pena de muerte-.
Aquel jubilado, se quedó frío, y comenzó a temblar. Pensó que su juicio final se acercaba, y no paraba de sudar, sin poder llegar a pensar absolutamente en nada, a parte de en la acción de correr como instinto último de supervivencia.
-Estoy totalmente en contra de este partido, y de este gobierno. Nos tienen amordazados, sin ninguna libertad, atados, enfrentados, individualizados, enemistados, separados...
¿Cree usted que un "novus hommo" puede vivir sin poder decir lo que piensa? ¿Sin poder argumentar lo que le pasa en movimiento por su cabeza y por su mentalidad? ¿Sin poder expresarse? ¿Sin manifestarse? ¿Dejando a nuestra merced ser uno más de entre la muchedumbre andante que prefiere mirar esas pantallas sin pararse a pensar por qué pueden transmitir esas imágenes?
¿Se da cuenta de lo que están haciendo con nosotros? ¿Quién sigue teniendo un sueño que lo lleva a levantarse cada mañana y a acostarse cada medianoche? Creo que rechazamos ya tantos sueños, que, al final, caímos en coma-.
Fue volver a mirar a aquel hombre mayor, después de dejar de tener la vista perdida por la concentración que requerían aquellas palabras, y ver cómo ya habían llegado unos agentes de la felicidad, y se disponían a meterlo en aquel furgón, tan inmenso para un solo individuo, pero tan diminuto para el acto que había cometido.
Ojalá lo que hizo nuestro hombre estuviera permitido, pero ya dije antes que no era un trabajo su profesión. Más bien, tenía una pena que hasta se desconocía, de lo prohibida que estaba. Había desafiado la felicidad de la gente, y lo tenía que pagar muy caro.
Llevaba tanto tiempo en esto, que no podía imaginar que hubieran tardado tanto en capturarle. Quizás, fueron esos gritos silenciosos de pensamientos, pillados por los radares detectores de inteligencia, por lo que se dieron cuenta de su inercia.
Aún no sé qué le pasó a nuestro compañero, aunque intuyo que no nada bueno. Tampoco quiero contaros mucho, no vaya a ser que yo también corra el riesgo de una persecución de los agentes de la felicidad.
"Agentes de la felicidad", qué curioso, ¿no? Velan por la satisfacción de nuestra especie, cuando, al levantar un poco los ojos sobre las caras de la gente, nadie parece satisfecho.
Esto fue la crónica de una persona, que tenía nombre. Tenía, pero la borraron del mapa, del pasado y de la historia. Nunca existió, ni siquiera para él mismo, como el bienestar en los estados en los que no te puedes expresar.
lunes, 2 de mayo de 2016
Funcionarios, el problema de España.
¿Alguien alguna vez se han preguntado qué falla en este país?
¿Por qué somos tan improductivos? ¿Por qué tenemos fama de ser vagos?
¿Por qué se nos considera una patraña dentro del propio sistema?
El por qué absoluto jamás lo podremos encontrar, ya que la verdad, de lo perfecta que es, es infinita.
Un por qué, que me llevó algún rato que otro pensando en mi habitación, podría ser la forma de cobro de los trabajadores españoles.
Y, vayamos al grano, más concreto, me dirijo hacia los obreros públicos.
Estos sin duda, tienen fama de no hacer absolutamente nada, de tener unas ciertas vacaciones al año, y un sueldo, más bien asequible.
Más que alguna vez habremos escuchado comentarios como: "El problema de España son los funcionarios" o "trabajas menos que un funcionario".
Sin embargo, las profesiones de las que se hacen cargo este conjunto de población activa son más que importantes para el funcionamiento de una sociedad, sobre todo, en el apartado de sanidad, educación y seguridad.
Firmemente, creo que deberíamos preguntarnos la cuestión de que, si es un trabajo importante y primordial, ¿por qué no es productivo?
¿Alguien se ha parado a pensar de qué forma cobran los funcionarios del Estado?
No me refiero si lo hacen en negro, por transferencia o declarándolo en Hacienda (cosa que es bastante principal, pero que no viene al caso).
Tampoco intento referirme a que si cobran por horas, por días o por meses.
¿Sabéis lo que de verdad me interesa? Me llama la atención que todos, o que la mayoría de ellos, remuneren su sueldo sin ser a comisión, estando fijo y sin apenas moverse.
Lo primero de todo es: ¿qué significa que un trabajador tenga un sueldo fijo?
Según varios estudios, el sueldo fijo acaba, al contrario que un salario variable, disminuyendo la motivación del trabajador, haciendo que su productividad caiga en picado al ver que terminará obteniendo lo mismo, dando absolutamente igual la forma en la que trabaje y utilice sus herramientas para dar lo mejor de sí mismo.
Es lógica, ¿no? Si tienes una empresa, en la que dos trabajadores tienen la función de realizar informes, su productividad estará relacionada con la rapidez con la que rellenen esos papeles.
Pero, ¿qué pasa cuando solo se paga el trabajo efectuado y no la productividad del mismo?
Supongamos que estos dos compañeros (1 y 2), cobran a sueldo fijo. Además, uno de ellos (el 1) es muy trabajador, y siempre da lo mejor de sí, Mientras, el otro (el 2) se limita a efectuar la tarea mínima.
¿Veis normal que esas dos personas vayan a obtener exactamente la misma recompensa?
Lo peor no es el acto de justicia no realizado, lo peor podrían ser las consecuencias de dicha situación. Si el trabajador 1 ve que, por mucho que se esfuerce, jamás se lo compensará la empresa, llegará el momento en el que esta persona deje de ser tan productiva como lo era al inicio de comenzar su etapa en el negocio.
El trabajador 1 se vería sin motivación, sin esperanzas de futuro, y, por lo tanto, acabaría imitando la conducta de nuestro compañero, el trabajador 2.
El resultado del trabajo a sueldo fijo (en este caso): una empresa con menos beneficios, y unos trabajadores sin ganas de seguir ascendiendo en su escala social por medio del trabajo.
Ahora es cuando pregunto, ¿y si es esto lo que les ha pasado a los trabajadores públicos españoles?
Tan sencillo es como pagar más al que más obra, que menos al que menos trabaja.
Sin embargo, sabiendo que esto extermina las ganas de trabajar y la competencia, no lo tenemos en vigor. ¿Una razón? Pues no lo sé, desconozco la causa de que estas personas con profesiones pertenecientes al sector público cobren exactamente lo mismo, dejando a un lado la importancia de si labora con más o menos ganas.
Soy de esas personas que piensan que el esfuerzo ha de premiarse, por ética, por justicia, por moral y por psicología. Es una forma de "premiar" a las personas y de poder organizar de forma jerárquica a los trabajadores de una localización exacta.
Eso sí, tampoco convirtamos esto en una empresa de aseguradoras, donde más de una vez he oído que ponen metas carentes de realismo que se han de cumplir para poder seguir perteneciendo a la compañía. Una cosa es exigir un esfuerzo, y otra formar un abuso totalmente descabellado.
No confundamos premiar con hacer de un trabajo un infierno.
Por último, me gustaría recalcar un factor clave a la hora de imponer un sueldo variable o a comisión: esa es la razón o el motivo que llevaría a medir la productividad en un sentido positivo tanto como negativo.
En el ejemplo de los trabajadores que rellenan informes, es fácil saber cómo se podría decir que uno trabaja mejor que otro. Pero, ¿como diríais que un profesor es mejor que otro? O, ¿cómo un médico es más profesional que los demás?
Es una tarea difícil saber si un maestro te enseña más que otro, o si un médico ha satisfecho tu duda acerca de la salud, sobre todo, cuando no eres ni un alumno ni un paciente.
Esa hipótesis me lleva a pensar que se podrían realizar diversas encuestas, donde se exponga la opinión propia y el pensamiento de las personas que han contratado el servicio de ese trabajador (por ejemplo, un alumno).
Eso sí, si ponemos estas encuestas de forma anónima, los clientes (y sobre todo los estudiantes) acabarán por no tomarse en serio una acción de la que depende el sueldo del obrero que les ofrece los servicios.
Además, el gran fallo de esta teoría última, sería el gran coste que las encuestas supondrían para el Estado (recordemos que estamos hablando de oficios públicos), ya que, tendría que contratarse a ciertas personas para que laborasen intensamente en el cumplimiento y la puesta en marcha de las dichas muestras.
Son teorías muy hipotéticas a las que hay que seguir dándole vueltas y pensar en ellas como si no hubiera mañana. Al menos, seamos positivos, puede que haya estrechado el círculo del gran problema de España, que no son los funcionarios, sino su productividad.
Por lo menos, conformémonos con que hemos encontrado un problema que podemos solucionar.
¿Por qué somos tan improductivos? ¿Por qué tenemos fama de ser vagos?
¿Por qué se nos considera una patraña dentro del propio sistema?
El por qué absoluto jamás lo podremos encontrar, ya que la verdad, de lo perfecta que es, es infinita.
Un por qué, que me llevó algún rato que otro pensando en mi habitación, podría ser la forma de cobro de los trabajadores españoles.
Y, vayamos al grano, más concreto, me dirijo hacia los obreros públicos.
Estos sin duda, tienen fama de no hacer absolutamente nada, de tener unas ciertas vacaciones al año, y un sueldo, más bien asequible.
Más que alguna vez habremos escuchado comentarios como: "El problema de España son los funcionarios" o "trabajas menos que un funcionario".
Sin embargo, las profesiones de las que se hacen cargo este conjunto de población activa son más que importantes para el funcionamiento de una sociedad, sobre todo, en el apartado de sanidad, educación y seguridad.
Firmemente, creo que deberíamos preguntarnos la cuestión de que, si es un trabajo importante y primordial, ¿por qué no es productivo?
¿Alguien se ha parado a pensar de qué forma cobran los funcionarios del Estado?
No me refiero si lo hacen en negro, por transferencia o declarándolo en Hacienda (cosa que es bastante principal, pero que no viene al caso).
Tampoco intento referirme a que si cobran por horas, por días o por meses.
¿Sabéis lo que de verdad me interesa? Me llama la atención que todos, o que la mayoría de ellos, remuneren su sueldo sin ser a comisión, estando fijo y sin apenas moverse.
Lo primero de todo es: ¿qué significa que un trabajador tenga un sueldo fijo?
Según varios estudios, el sueldo fijo acaba, al contrario que un salario variable, disminuyendo la motivación del trabajador, haciendo que su productividad caiga en picado al ver que terminará obteniendo lo mismo, dando absolutamente igual la forma en la que trabaje y utilice sus herramientas para dar lo mejor de sí mismo.
Es lógica, ¿no? Si tienes una empresa, en la que dos trabajadores tienen la función de realizar informes, su productividad estará relacionada con la rapidez con la que rellenen esos papeles.
Pero, ¿qué pasa cuando solo se paga el trabajo efectuado y no la productividad del mismo?
Supongamos que estos dos compañeros (1 y 2), cobran a sueldo fijo. Además, uno de ellos (el 1) es muy trabajador, y siempre da lo mejor de sí, Mientras, el otro (el 2) se limita a efectuar la tarea mínima.
¿Veis normal que esas dos personas vayan a obtener exactamente la misma recompensa?
Lo peor no es el acto de justicia no realizado, lo peor podrían ser las consecuencias de dicha situación. Si el trabajador 1 ve que, por mucho que se esfuerce, jamás se lo compensará la empresa, llegará el momento en el que esta persona deje de ser tan productiva como lo era al inicio de comenzar su etapa en el negocio.
El trabajador 1 se vería sin motivación, sin esperanzas de futuro, y, por lo tanto, acabaría imitando la conducta de nuestro compañero, el trabajador 2.
El resultado del trabajo a sueldo fijo (en este caso): una empresa con menos beneficios, y unos trabajadores sin ganas de seguir ascendiendo en su escala social por medio del trabajo.
Ahora es cuando pregunto, ¿y si es esto lo que les ha pasado a los trabajadores públicos españoles?
Tan sencillo es como pagar más al que más obra, que menos al que menos trabaja.
Sin embargo, sabiendo que esto extermina las ganas de trabajar y la competencia, no lo tenemos en vigor. ¿Una razón? Pues no lo sé, desconozco la causa de que estas personas con profesiones pertenecientes al sector público cobren exactamente lo mismo, dejando a un lado la importancia de si labora con más o menos ganas.
Soy de esas personas que piensan que el esfuerzo ha de premiarse, por ética, por justicia, por moral y por psicología. Es una forma de "premiar" a las personas y de poder organizar de forma jerárquica a los trabajadores de una localización exacta.
Eso sí, tampoco convirtamos esto en una empresa de aseguradoras, donde más de una vez he oído que ponen metas carentes de realismo que se han de cumplir para poder seguir perteneciendo a la compañía. Una cosa es exigir un esfuerzo, y otra formar un abuso totalmente descabellado.
No confundamos premiar con hacer de un trabajo un infierno.
Por último, me gustaría recalcar un factor clave a la hora de imponer un sueldo variable o a comisión: esa es la razón o el motivo que llevaría a medir la productividad en un sentido positivo tanto como negativo.
En el ejemplo de los trabajadores que rellenan informes, es fácil saber cómo se podría decir que uno trabaja mejor que otro. Pero, ¿como diríais que un profesor es mejor que otro? O, ¿cómo un médico es más profesional que los demás?
Es una tarea difícil saber si un maestro te enseña más que otro, o si un médico ha satisfecho tu duda acerca de la salud, sobre todo, cuando no eres ni un alumno ni un paciente.
Esa hipótesis me lleva a pensar que se podrían realizar diversas encuestas, donde se exponga la opinión propia y el pensamiento de las personas que han contratado el servicio de ese trabajador (por ejemplo, un alumno).
Eso sí, si ponemos estas encuestas de forma anónima, los clientes (y sobre todo los estudiantes) acabarán por no tomarse en serio una acción de la que depende el sueldo del obrero que les ofrece los servicios.
Además, el gran fallo de esta teoría última, sería el gran coste que las encuestas supondrían para el Estado (recordemos que estamos hablando de oficios públicos), ya que, tendría que contratarse a ciertas personas para que laborasen intensamente en el cumplimiento y la puesta en marcha de las dichas muestras.
Son teorías muy hipotéticas a las que hay que seguir dándole vueltas y pensar en ellas como si no hubiera mañana. Al menos, seamos positivos, puede que haya estrechado el círculo del gran problema de España, que no son los funcionarios, sino su productividad.
Por lo menos, conformémonos con que hemos encontrado un problema que podemos solucionar.
jueves, 28 de abril de 2016
Raros
Te golpeo, y no volverás a hacerlo.
Te dejo en el suelo, y yo sin remordimientos.
Te ataco y acribillo, con disparos de silencio.
Te asfixio, sin usar ningún vocablo.
Hombre que aprende a ser fuerte,
teme que todos se rebelen en su ser,
entiende que no todo es tener poder,
y achaca con su callar impertinente.
Son mudas frases que rugen buscando un oyente.
Son callares que intimidan hasta al más resistente.
Es lo que oyes cuando estás solo. Cuando,
te dicen que el dolor se irá dentro de poco.
Es el sentir de toda una especie,
que viene y va sin estar ausente.
Es lo que escribo, que lo siento dentro, tan dentro,
que esto es como un puñal que sale del fondo.
Honda es la violencia que se emplea.
Profunda y densa es la marrón tierra.
No sabéis lo que es ver, que contigo no cuentan.
No podéis apreciar esta belleza,
de sufrir porque con el resto no encajas.
Son golpes que se asemejan,
escozor del aguijón de abeja,
que tengo corriendo por venas.
La rabia que me llega, y no se va.
La tristeza que me da, y no cura.
La noche es mi hogar, me ayuda a camuflar,
mi cara y mi andar. Me guían para tocar,
el alma y mi música. Mi voz que se alza,
para llegar a alcanzar, la integridad con los demás.
Si escribo con faltas de ortografía,
es porque fallo en las acciones del día.
Quiero que se me vea humano, y no idílico.
Quiero que la gente me vea uno más y no inhumano.
Quiero que vean que soy normal, y no un monstruo.
El llanto es el pájaro que se esconde entre las ramas.
Se llega a oír, pero no a apreciar.
Quizás, porque puedes saber alguien como está.
Pero no preguntas, porque mi vida no te interesa.
Quizás porque no se oye intensamente el llorar.
Unos prefieren decidir morir,
sin el elixir del resistir al vivir,
sin la elegancia de la diferencia.
Sin la arrogancia yo venía de la existencia,
pero solo encontré aferrados egoístas,
dispuestos a cargarse esta realidad inmensa.
El sistema es la caja de engranajes que funciona,
con el movimiento constante de las agujas,
que no cesa, para, ni se detiene. Solo se erosiona.
Humanidad que hace heridas con palabras,
y que luego se va preguntando qué iba mal.
Es la paradoja que a algunos reconforta,
Es el camino que escogen unos, y que toman otros.
Es el tabú del desprecio y ser insensible.
Es lo que hacen de forma inconsciente.
Es la marginación hacia quiénes no tienen dueños.
Son tan únicos, que nadie les domina.
Son raros, somos. Y nos hacen daño,
quieren vernos, debajo del subsuelo.
Yo soy yo, y tú eres como el resto.
Yo soy independiente, y tú un muñeco.
Yo soy yo, y tú eres como el resto.
Yo soy independiente, y tú un muñeco.
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